Desde la embajada de México en Perú, con la nueva bandera de Brasil
El cierre del diálogo no solo significó el fin de la comunicación oficial directa, sino que puso en pausa la presencia diplomática mexicana en Lima. En esta coyuntura, Brasil surgió como un aliado estratégico. La embajada mexicana, aún operativa pero sin representación directa, pasó a estar bajo el control del gobierno brasileño. Este cambio no fue unilateral: Perú dio su consentimiento y México solicitó que Brasil tomara las riendas para gestionar sus intereses y proteger a sus ciudadanos en suelo peruano.
Al encargarse de la representación oficial de México en Perú, Brasil actúa como puente diplomático en una relación marcada por tensiones recientes. En particular tras el asilo otorgado por México a la ex primera ministra peruana Betssy Chávez. Este caso fue detonante de la ruptura, que ahora mantiene a tres naciones entrelazadas en un complejo entramado de diplomacia y apoyo mutuo.
Gestión y comunicación en tiempos de cambio
En este escenario, Brasil debe mantener los canales abiertos, no solo para la política, sino también para facilitar la atención consular a mexicanos en Perú. La necesidad de garantizar que los trámites y la protección de derechos no se interrumpan revela la importancia de la nueva representación, que funciona como un salvavidas diplomático en medio de la incertidumbre.
Estado actual y perspectivas
Tras establecer esta fórmula de representación indirecta, México continúa sin presencia diplomática propia en Perú. Mientras tanto, Brasil cumple con su papel de guardián de los intereses mexicanos, un compromiso reconocido por las autoridades de ambos países. Los esfuerzos sostienen un delicado equilibrio que podría ser clave para futuros acercamientos o modificaciones en la política exterior regional.
