Un principio esencial ante los cambios de gobierno
La historia mexicana y latinoamericana no ha sido ajena a golpes de Estado, revoluciones y cambios abruptos de regímenes. Frente a ese escenario, la Secretaría de Relaciones Exteriores adoptó un criterio simple pero contundente: no reconocer de manera formal quién detenta el poder en otro país. Así, México se negó a emitir juicios sobre la legitimidad de las administraciones extranjeras, evitando posiciones intervencionistas o parcializadas.
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Este enfoque buscaba —y sigue buscando— evitar que la política exterior mexicana se convierta en instrumento de injerencia. Millones de ciudadanos en la región han vivido la incertidumbre que genera la desestabilización política, y con ello, la tentación de actores externos por apoyar o desconocer gobiernos. México, con la Doctrina Estrada, optó por no sumarse a esa dinámica.
Un marco que trasciende fronteras y décadas
Desde entonces, la Doctrina Estrada ha funcionado como una brújula para México frente a las múltiples transformaciones políticas en América Latina y otras regiones. No importa si el cambio de gobierno sucede mediante elecciones, golpes de Estado o transiciones revolucionarias; este principio se mantiene inalterable.
Este compromiso con la no intervención y la igualdad soberana entre países ha posicionado a México como un defensor de normas internacionales que buscan prevenir conflictos y preservar la estabilidad. Así, la política exterior mexicana proyecta respeto mutuo y rechazo a cualquier intento de controlar o condicionar la voluntad de otros pueblos.
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Un ideal con raíces históricas y jurídicas
La Doctrina Estrada no es solo una regla diplomática fría. Es la conjunción de experiencias históricas —donde México sufrió la intromisión y la presión extranjera— y fundamentos jurídicos que apelan a la autonomía plena de cada Estado. Cada decisión exterior se sostiene en ese legado, reafirmando que México se maneja en el ámbito internacional con base en la independencia y la dignidad.
Continuidad y vigencia en la diplomacia mexicana
A día de hoy, este principio sigue vigente en la actuación de las autoridades mexicanas. La Doctrina Estrada inspira la manera en que el país aborda las relaciones internacionales, buscando mantener un equilibrio que no solo protege sus propios intereses, sino que respeta la decisión libre y soberana de todos los Estados. Una línea discreta, pero firme, que ha permitido a México navegar por escenarios turbulentos sin perder su voz ni traicionar sus principios.
