Una entrega pactada y detallada en tiempos difíciles
La Secretaría de Hacienda confirmó que desde el 15 de diciembre de 2025, México liberará un total de 249 millones 163 mil metros cúbicos de agua hacia Estados Unidos. Este volumen se entregará a lo largo de diversas fechas hasta enero de 2026, siguiendo un calendario preciso que la Comisión Nacional del Agua ha elaborado para asegurar el cumplimiento puntual del tratado.
TAMBIÉN LEE: Economía ajusta tarifas y lanza nueva estrategia para sectores clave a partir de 2026
En medio de una sequía que no se había visto en décadas, este acuerdo no sólo garantiza que se respeten los compromisos legales, sino que también refleja el esfuerzo por administrar de manera responsable y compartida un recurso tan esencial. Evitar tensiones en la relación bilateral es un objetivo tan crucial como la propia distribución.
Negociación y cooperación en el corazón de la gestión del Río Bravo
El proceso de negociación contó con la participación activa de las autoridades estadounidenses encargadas del agua, quienes junto con sus contrapartes mexicanas definieron el plan definitivo de distribución. Este ejercicio conjunto subraya la necesidad de mantener abiertos los canales de diálogo, sobre todo ante escenarios climáticos impredecibles y la creciente demanda hídrica.
Supervisión y seguimiento: un compromiso compartido
El acuerdo no se limita a la cantidad y fechas de entrega. También incluye una supervisión conjunta que garantice el respeto riguroso de los derechos y obligaciones pactados en el Tratado de Aguas. Se han establecido mecanismos específicos para monitorear el comportamiento de la cuenca en los meses posteriores a la entrega, buscando evitar impactos inesperados y promover una gestión sostenible a largo plazo.
Medidas que apuntan a la estabilidad y al manejo sustentable
En palabras de la Secretaría de Relaciones Exteriores, este paso refuerza la estabilidad en la gestión del agua entre México y Estados Unidos. Es un acto que, lejos de generar conflicto, busca atender las necesidades básicas de ambas naciones sin desviar los términos legales vigentes.
Frente a una realidad de escasez creciente y efectos de cambio climático, la entrega coordinada del agua del Río Bravo se vuelve más que un compromiso técnico: es una pieza fundamental en la historia cotidiana de quienes dependen de este recurso esencial para vivir y trabajar.
