. No era solo un plan más; representaba una respuesta a la creciente movilidad humana en un momento donde la presión migratoria comenzaba a tomar dimensiones complejas.
Construir la frontera en el sur: vigilancia que crece
La metamorfosis en la frontera apenas comenzaba. Durante esos primeros años, la infraestructura migratoria se expandió de forma notable. La cantidad de estaciones migratorias se duplicó, pasando de 25 a 52, un reflejo tangible del intento por contener y regular el tránsito. En medio de este impulso, la Secretaría de Gobernación lanzó acciones más contundentes contra la inmigración irregular, mientras la Secretaría de Seguridad Pública elevaba la capacitación de su personal para vigilar con mayor efectividad cada tramo de frontera sur.
Pero no se trataba solo de control; las autoridades mexicanas parecían conscientes de la necesidad de atender problemas más profundos. Programas dirigidos a aumentar la transparencia y combatir la corrupción vieron la luz, particularmente en estados clave como Chiapas, donde las dinámicas migratorias impactaban directamente en las comunidades locales y en el tejido social.
Un acuerdo que buscaba legalizar y proteger
Uno de los aspectos más llamativos del acuerdo fue la propuesta para legalizar a casi tres millones de trabajadores agrícolas, un grupo vital para ambas economías. Esta iniciativa abrió un debate que atravesó la primera década del siglo XXI, en un intento por transformar la realidad de miles de personas que vivían al margen de la ley. A la par, la política migratoria implementada no perdió de vista la protección hacia migrantes indocumentados, quienes continuaron llegando en número creciente hacia la frontera norte, impulsados por condiciones socioeconómicas y conflictos en sus países de origen.
Continuidad en medio de cambio político
El foco sobre la frontera sur no se diluyó con el cambio de administración. Bajo los mandatos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto, las políticas conservaban la misma lógica de vigilancia y regulación, aunque adaptadas a nuevos escenarios internacionales y regionales. Con cada gobierno, la frontera seguía siendo un territorio estratégico, donde la seguridad y la movilidad humana se enfrentaban en un delicado equilibrio.
Un capítulo abierto en la política migratoria mexicana
Estas políticas del inicio del siglo XXI remodelaron sustancialmente el manejo de la migración en México, combinando esfuerzos de control y protección. Sin embargo, a pesar de los cambios visibles en infraestructura y normativas, nunca se publicaron datos oficiales que permitieran medir con precisión el impacto social a largo plazo de estas medidas. La historia de la frontera sur sigue siendo, así, un relato en construcción, donde las cifras ocultan muchas de las vivencias humanas que atraviesan esa línea invisible entre países.
