La intervención se centró en la embarcación Nordseine, la cual arribó a costas mexicanas procedente de Colombia. De acuerdo con los reportes oficiales, el cargamento ilícito fue detectado tras una inspección minuciosa al navío, que transportaba legalmente combustible.
Una carga que no encajaba
El Nordseine había declarado transportar 148 mil litros de combustible en sus contenedores, pero la cifra se quedaba corta ante la capacidad real del barco, que supera los 51 millones de litros. La discrepancia llamó la atención de los investigadores y orilló a una revisión exhaustiva. Al abrir uno de los contenedores, la sorpresa fue mayúscula: 1.15 toneladas de cocaína escondidas entre la carga oficial.
La detención de cinco personas relacionadas con este cargamento marcó un primer paso, mientras la Procuraduría General de la República mantiene bajo custodia a los implicados. La droga y los contenedores están asegurados en la terminal portuaria para análisis detallados, y el barco permaneció detenido varias horas, sometido a un rastreo minucioso.
Otra embarcación atravesada en la red
Al mismo tiempo, la Secretaría de Marina interceptó otro buque que también llegaba desde Colombia: el BW Wren. En su bitácora, la carga declarada era carbón, pero una revisión detallada reveló incongruencias entre la mercancía informada y la que realmente transportaba. Nuevamente, la ruta colombiana se confirmó como un canal clave para actividades ilícitas, y otras cinco personas relacionadas con esta nave quedaron bajo custodia federal.
Rutas vulnerables tras los contenedores
Estos casos ponen en evidencia las vulnerabilidades en las rutas marítimas y operativas que cruzan el Pacífico hacia México. La red logística aplicada para el tráfico se camufla bajo mercancías habituales, dificultando la detección rápida. Las autoridades continúan investigando la cadena completa que permitió el ingreso de drogas a través de contenedores, buscando identificar a todos los responsables y prevenir futuras filtraciones.
Puertos del Pacífico bajo escrutinio
Ante la aparición de estos dos casos, la atención se vuelve hacia la operación y vigilancia en puertos como Manzanillo, clave para el comercio internacional y a la vez vulnerable a este tipo de ilícitos. Mientras la Procuraduría y la Marina mantienen detenidos a los implicados, la investigación sigue abierta para esclarecer el papel de cada involucrado y evitar que estos cargamentos vuelvan a pasar inadvertidos.
