La reciente visita a México de Rosa María Payá, comisionada de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), ha generado una fuerte reacción por parte del Gobierno Federal, tensando nuevamente el debate sobre la agenda diplomática con Cuba y el papel de los organismos internacionales.
A través de un comunicado, la presidencia de México, Claudia Sheinbaum Pardo, calificó las actividades de la funcionaria como «extraoficiales», señalando que su agenda no se alineó con las funciones propias de su cargo dentro de la CIDH.
Un llamado a la institucionalidad y al respeto a la soberanía nacional
Desde Palacio Nacional, se enviaron instrucciones directas a la Secretaría de Gobernación para revisar el marco legal vigente que regula las visitas y acciones que los representantes internacionales pueden realizar en México. La solicitud de informes sobre la participación de Payá refleja la preocupación por mantener un control riguroso y evitar que México se convierta en escenario de disputas ajenas, especialmente cuando involucran a actores como Cuba.
La presidencia insistió en que los funcionarios de organismos multilaterales deben limitarse a sus funciones oficiales, respetando tanto la ley mexicana como la soberanía del país. Este recordatorio no es casual: responde a la necesidad de preservar la institucionalidad en momentos donde la geopolítica exige cuidado y prudencia.
Una visita no autorizada y la respuesta diplomática
La representación mexicana ante la CIDH aclaró que no recibió notificación ni otorgó autorización para que Rosa María Payá participara en actos públicos relacionados con Cuba, lo que intriga sobre la independencia y el alcance de estas visitas. El gobierno mexicano anunció que seguirá con atención cada movimiento en estos escenarios para impedir que el país sea usado como plataforma para conflictos externos.
Asistencia humanitaria en medio de la tensión
En paralelo, y en medio de esta situación tensa, el gobierno aprobó el envío de asistencia humanitaria a Cuba, cumpliendo con compromisos internacionales y cultivando la cooperación regional vigente. Este gesto marca una diferencia clara, balanceando la firmeza diplomática con la solidaridad en la crisis que atraviesa la isla.
Un episodio que refleja las actuales complejidades en la relación bilateral
El momento elegido para la visita no pasó por alto. La relación con Cuba vive un periodo complicado, con diferencias políticas y geopolíticas que se visibilizan en cada paso. La presidencia reafirmó que la defensa de la soberanía y el respeto a la institucionalidad son pilares innegociables. Por ahora, México mantiene un llamado firme: las acciones en materia de derechos humanos deben ceñirse al mandato oficial y evitar cualquier interferencia política.
