Un cuadro complejo detrás de las cifras
La Secretaría de Economía no tardó en apuntar algunos focos rojos: limitaciones en la infraestructura, deficiencias en el suministro energético y una brecha en la disponibilidad de talento que, en conjunto, afectan la competitividad del país. Por eso, aunque en 2025 las exportaciones mexicanas crecieron 7.6 por ciento, alcanzando un volumen de 664 mil 837 millones de dólares, esa cifra no basta para garantizar la continuidad de este avance.
El ritmo del crecimiento frena frente a obstáculos arraigados que van más allá de lo inmediato. Es aquí donde entra en juego la perspectiva de reformas profundas para cambiar el escenario. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) ha identificado tres áreas esenciales para que México capitalice el nearshoring: mejoras en la infraestructura física, fortalecimiento de la infraestructura digital y adecuaciones regulatorias. Sin ellas, la relocalización de las cadenas productivas que hoy buscan nuevos horizontes queda limitada.
La apuesta legislativa y los retos del T-MEC
En respuesta, el Senado aprobó reformas que buscan apuntalar al país en este campo estratégico. De esta forma, la intención es sacar partido al Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), uno de los marcos más importantes para la atracción de inversiones. Sin embargo, la revisión programada para 2026 será un momento decisivo: los análisis que allí se realicen marcarán el camino para las futuras estrategias que México desarrollará para mantener y ampliar su participación en el nearshoring.
Los expertos no dejan de alertar sobre una realidad tangible: la incertidumbre comercial y las reformas internas tienen un peso importante en el desempeño del sector. Tras un periodo de dinamismo destacado, el enfriamiento en 2025 pone en relieve la fragilidad del avance.
Infraestructura y talento, los retos del día a día
En el mapa de oportunidades, algunas regiones mexicanas emergen con potencial para atraer cadenas productivas desde otras latitudes, pero todas comparten desafíos similares. La mejora de la logística industrial y el fortalecimiento de políticas públicas que faciliten la relocalización son motivos de atención constante. Esto incluye aspectos prácticos que afectan desde la gestión empresarial hasta la capacitación y retención de talento especializado.
Entre expectativas y obstáculos hacia 2026
El 2026 se perfila como un año clave, con reformas en marcha y revisiones internacionales que definirán el futuro del nearshoring en México. La presencia de líneas de avance es clara, pero no se pueden ignorar las limitaciones estructurales. Construir un entorno atractivo para la inversión extranjera y mantener la competitividad exige cerrar brechas en infraestructura y talento, ajustar regulaciones y responder con rapidez a la volatilidad global.
La historia del nearshoring en México no es solo una cuestión de cifras, sino un reflejo de cómo el país enfrenta y adapta su estructura económica en un contexto cambiante. El saldo de este proceso, por ahora, muestra que mantener el lugar privilegiado requiere más que potencial: exige decisiones estratégicas y una visión que se traduzca en acciones concretas antes de que llegue la nueva revisión del T-MEC.
