En la capital mexicana, economistas y actores financieros no solo miran los números, sino cómo esta desviación constante afecta la confianza en el Banco de México. Su reputación, que hasta hace unos años era sinónimo de estabilidad, ahora se pone en duda. Esta pérdida de credibilidad complica la tarea de manejar expectativas inflacionarias. Cuando el mercado desconfía, la política monetaria se vuelve más costosa e ineficiente, lo que termina trasladándose a la economía real.
Un contraste internacional que presiona a Banxico por la inflación
Mientras el Banco de México enfrenta esta encrucijada, en Estados Unidos el presidente de la Reserva Federal, Jerome Powell, sostiene una postura contundente frente a la inflación, endureciendo sus políticas para controlar los precios. Esta diferencia de enfoques añade presión al banco central mexicano, cuya estrategia parece precisar ajustes para mantenerse a flote en un escenario global menos indulgente.
Expertos consultados, alrededor de una veintena de analistas, coinciden en que sin una revisión profunda de su política monetaria, la mejora en el índice inflacionario a mediano plazo es poco probable. El banco central debe diseñar nuevas rutas que le permitan recuperar la confianza perdida y dar señales claras al mercado. El interés de inversionistas y ciudadanos está puesto en cómo Banxico responderá a este reto que, de no resolverse, puede impactar la estabilidad económica general.
El Banco de México enfrenta un año decisivo. Los números y las expectativas lo colocan en una posición en la que debe mostrar solidez y capacidad de reacción. La inflación fuera de control durante seis años consecutivos no solo es un desafío técnico, sino una llamada de atención sobre la efectividad y credibilidad de la institución ante los ojos del país y del mundo.
