Cuando una transferencia supere las 1,500 unidades de inversión (aproximadamente 15 mil pesos), tanto al enviar como al recibir, el SAT pondrá especial atención. Este límite también cubre depósitos en efectivo que excedan ese monto mensual.
¿Por qué es que el SAT reforzará el control de las transferencias electrónicas en 2026?
La intención es clara: prevenir riesgos fiscales que puedan esconder actos ilícitos, sin detener la dinámica cotidiana de las operaciones bancarias.
Expertos financieros aconsejan a los usuarios conservar registros exhaustivos de sus movimientos. Contratos, recibos, comprobantes; cada documento será una pieza importante cuando la autoridad requiera verificar el origen y destino de los recursos. No cumplir con estas indicaciones puede derivar en multas o auditorías, que para muchos representan un golpe inesperado al tiempo y los recursos.
En medio de esta supervisión más estricta, el SAT se ha comprometido a mantener tiempos ágiles para la devolución de impuestos a personas físicas, situándolos en un promedio de cinco días. Para otras figuras fiscales, los plazos podrían ser mayores, reflejando la complejidad de cada caso. Es una manera de equilibrar la intensificación del control con la garantía de que las gestiones no se enlentecerán.
Más vigilancia para un entorno digital en crecimiento
El avance tecnológico impulsa esta transformación fiscal. Los movimientos electrónicos no escapan al escrutinio, y el SAT busca fortalecer la transparencia sin añadir cargas innecesarias. Para quienes realizan transferencias habituales, la clave es actuar con orden y mantener toda la documentación disponible, evitando que un trámite rutinario derive en una complicación mayor.
En definitiva, 2026 llega con mayor atención a la movilidad del dinero digital, reflejando una administración que apunta a evitar riesgos y cuidar el orden fiscal, sin afectar la operativa normal del contribuyente.
