Según cifras recientes, cerca del 70% de los trabajadores en México sintieron burnout durante el último año, como una carga que crece y se arraiga. Para casi el 12%, esta fatiga se instala con repetición preocupante, consolidando un desgaste emocional que trasciende el simple cansancio físico. El desgaste no es solo individual, está enredado con la dinámica laboral que impone ritmos y demandas extenuantes.
El Instituto Mexicano del Seguro Social y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) alertan que tres de cada cuatro empleados manifiestan signos claros de estrés laboral. Sin embargo, el reconocimiento no siempre va acompañado de respuestas efectivas. Menos de un tercio de las empresas mexicanas dispone de programas concretos para abordar este mal creciente, dejando a muchos con la carga sin herramientas ni apoyo suficiente para enfrentarla.
El impacto económico y social detrás del burnout
Más allá de lo individual, el síndrome de agotamiento laboral representa un costo elevado para el país. Expertos calculan que el desgaste y sus consecuencias pueden llegar a reducir las ganancias de las empresas en hasta 16 mil millones de pesos anuales. La merma en productividad acompaña una afectación directa en la calidad de vida de quienes sufren el desgaste prolongado.
El reto desde las universidades y el mercado laboral
Investigaciones en instituciones como la Universidad Iberoamericana han encontrado que hasta el 80% de los trabajadores mexicanos experimenta algún nivel de agotamiento vinculado con sus responsabilidades laborales. El estrés sostenido genera una cadena de efectos, desde malestares físicos hasta trastornos más profundos en la salud mental, evidenciando un problema que va más allá de la jornada diaria y toca áreas claves del bienestar personal.
Una señal urgente para el sector laboral
El momento exige atención. La prolongación del estrés y la falta de mecanismos adecuados para enfrentarlo en el entorno laboral pueden agravar las consecuencias, tanto para trabajadores como para las propias empresas. Reconocer y actuar sobre el burnout es un paso necesario para cuidar la salud emocional, evitar un deterioro mayor en el desempeño y preservar un equilibrio cada vez más difícil de sostener.
