Desde esta región productora, la apuesta se siente tangible. No se trata solo de acumular granos o café, sino de fortalecer la base que sostiene a los pequeños productores, quienes durante generaciones han cultivado la tierra con esfuerzo silencioso. Con cada bulto que llega a este centro, se busca asegurar que México recupere el control sobre su abastecimiento, que el alimento deje de ser un juego con factores externos y se convierta en una tarea local, en manos del campesino mexicano.
La visión de este centro de acopio es flexible y ambiciosa. No se limita a los dos cultivos iniciales; se proyecta sumar otros como la jamaica, con la intención de diversificar la producción nacional y que esta pueda cubrir una gama más amplia de necesidades alimenticias. Esta estrategia responde a una realidad: la alta importación de alimentos que aún sostiene México, una carga económica y estratégica que el gobierno busca aliviar con inversión directa y políticas de apoyo a quienes trabajan la tierra cada día.
Guerrero apuesta por la autosuficiencia con su nuevo centro de acopio
El mensaje que se repite es claro y firme: bajar la dependencia de insumos extranjeros no es solo una meta económica sino un asunto de seguridad alimentaria. Mejorar las capacidades de cultivo y ofrecer mejores condiciones a los campesinos forman parte de un esfuerzo constante para hacer que la alimentación en México resista los vaivenes del mercado global.
Aunque el camino hacia la soberanía alimentaria es largo y lleno de retos, este centro de acopio en Guerrero representa un avance significativo. Es un espacio desde donde se construye un México con una base más estable para la producción local, pensado para satisfacer las necesidades no solo del presente, sino de generaciones futuras. En ese terreno, cada grano de maíz o taza de café lleva el esfuerzo y la esperanza de un país que trabaja por alimentarse mejor.
