Desde Washington, el presidente Donald Trump denuncia la relación directa entre las ganancias del robo de hidrocarburos y el financiamiento de organizaciones criminales. Su señalamiento alcanza a empresas estadounidenses, involucradas en la compra irregular de hidrocarburos sustraídos del sistema legal. La acusación aporta una dimensión internacional a un problema que nació en México, pero que hoy exige colaboración binacional.
Operativos y estrategias en la frontera energética contra el huachicol
Durante 2025, el combate al huachicol vivió un periodo de especial dinamismo. Las autoridades mexicanas intensificaron las intervenciones en áreas sensibles, sobresaliendo las incautaciones en puertos estratégicos como Altamira, Tamaulipas. Por su parte, el gobierno de Claudia Sheinbaum tradujo el esfuerzo en tácticas que abarcaron desde la vigilancia en ductos hasta la detección del contrabando de gasolina.
Este operativo requirió no solo fuerza, sino coordinación constante, pues las redes criminales se aprovechan de cualquier brecha en la supervisión para continuar sus actividades ilícitas. La persecución apunta a desarticular un esquema donde la logística cruza estados y países, con túneles, perforaciones clandestinas y rutas marítimas.
El Senado estadounidense abrió investigaciones específicas sobre la exportación irregular de diésel en buques tanque hacia México. Esto luego de los hallazgos de huachicol que se hizo a través de estos transportes.
Los desvíos millonarios que estas indagatorias intentan esclarecer evidencian el nivel de sofisticación detrás del comercio ilícito, así como la implicación de actores que rayan en la corrupción y la evasión fiscal.
Estados como Hidalgo continúan siendo epicentros de la problemática, donde la perforación ilegal en los ductos representa un daño directo a la infraestructura energética y una amenaza latente a la estabilidad social. Aquí, el huachicol no solo implica un delito contra las instalaciones, sino una pérdida económica que afecta a toda la cadena productiva y al consumidor final.
Vigilancia sin tregua
Contra el flujo continuo y complejo del mercado ilegal, México y Estados Unidos mantienen una estrategia conjunta que mezcla sanciones, investigaciones y controles en puertos y aduanas. La presión internacional no se relaja; los esfuerzos buscan cerrar cada punto vulnerable por donde se filtra el combustible robado.
Este desafío sigue vigente, con actores que ajustan tácticas y gobiernos que deben responder con rapidez y precisión. El huachicol, en esta historia de fronteras y combustibles, refleja un problema cuya solución depende de la acción coordinada y el compromiso constante de ambos lados.
